La becaria

Quizás el hecho de acabar como becaria en una agencia de publicidad ha tenido algo que ver con mis múltiples maratones de Mad Men. De hecho, me pregunto cuántos publicistas han escogido esa carrera influenciados por el ingenio y la creatividad de Don Draper, en la edad de oro de la publicidad. Con esta reflexión en la cabeza, mis mejores galas y una libreta (eso siempre te hace parecer una persona aplicada) me dispongo a tocar el timbre de la agencia Maria Barcelona.

¡Alto! Vamos a retroceder un poco. ¡¿Cómo he llegado hasta aquí?! ¿No eres un poco mayorcita para ser becaria? ¿Los becarios normalmente no tienen 20 años y una cantidad importante de acné en la cara (no es que yo me salve de esto segundo)? Bueno, pues resulta que después de esa época oscura de la economía española que todos recordaréis (decir “crisis” es como nombrar a Voldemort), ser becario ya no es cuestión de edad, sino de cuántos años puedan mantenerte tus padres antes de que optes por echar curriculum en el Mercadona.

 

Llegados a este punto, me presento: tengo 24 años y acabo de graduarme en Administración y Dirección de Empresas y Derecho, y voy a realizar mis prácticas este verano en Maria Barcelona, una agencia de publicidad situada en el corazón de Gràcia. Y sí, ya sé lo que estáis pensando: ¿una agencia de publicidad? ¡Pero si has estudiado Derecho! Si volvéis al principio de mi relato, he empezado confesando la influencia que Mad Men ha tenido sobre mí.

Dicho esto, volvamos al punto en el que me dispongo a picar el timbre de Maria Barcelona. Espera, la puerta está abierta. Entro y, tras la clásica “putivuelta” del primer día (así la llaman en Maria), por fin me entero de por qué no se cierra la puerta en la agencia. Pues bien, no la dejan abierta porque les encante que todo el mundo venga de visita sin avisar (que también, ¡eh!), sino porque resulta que en Maria no funciona el aire acondicionado. La oficina es todo lo cool que se puede ser, es del estilo de la oficina de Google. Un inciso: siempre me ha parecido gracioso que la gente se refiera a las oficinas tipo open space como “las oficinas de Google”, aunque casi nadie las ha pisado. Volviendo a la falta de aire acondicionado, resulta que no hay suficiente potencia en la corriente de la oficina para poder encender el aire, así que enseguida me percato de la lucha constante entre departamentos por la posesión de los ventiladores. Me comentan que se ha planteado a dirección la opción de venir en traje de baño en agosto si la cosa se pone fea.

 

Mi primer día transcurre de la siguiente manera:

  • La primera cosa que aprendo en Maria Barcelona es, entonces, a guardar mi ventilador bajo buen recaudo.
  • La segunda cosa que aprendo es que las agencias de publicidad no son ya como eran en los años 60 en Madison Avenue, donde las mujeres solo se ocupaban de tareas mecánicas como mecanografiar y llevar café, sino que en esta agencia son las que tienen las ideas más creativas e innovadoras.
  • La tercera cosa que aprendo es que Maria Barcelona no es una agencia de publicidad, sino que hacen mil cosas a la vez: publicidad, marketing, marketing digital, community management, webs, apps, y ¡miles de cosas informáticas de las que nunca he oído antes hablar! Y yo finjo que sé de lo que hablan cuando me comentan que analice los clicks, los leads, el ROI, el CPM, el SEO, el SEM… Eso es cuando te persiguen los anuncios por Internet, ¿verdad? Suerte que tengo al amigo Google.

 

Afortunadamente, el primer día ha sido bastante tranquilo y he recibido mi primer consejo por parte de Eva: “en cuentas, lo más importante es la gestión del tiempo”. Inocente de mí, ¡más adelante sabré hasta qué punto esta frase es verdad!

 

A mi hora de acabar me voy a casa, no sin antes hincharme a pastel de cumpleaños de alguien que aún no sé cómo se llama, y con otra reflexión en la cabeza: ¡si viera Don Draper cómo ha evolucionado el marketing y la publicidad en el siglo XXI! No obstante, seguramente lo que más le chocaría sería no poder fumar en su despacho.